La vampira Cuchufleta
 
La vampira Cuchufleta
se aburre como una seta.
Cuando menea la capa,
un bostezo se le escapa.
 
No vi, jamás en la vida,
vampira más aburrida.
En su nariz, mientras vuela,
teje una araña su tela.
 
Se aburre tanto hasta el alba…
Más que un piojo en una calva.
Más que una almeja en el mar.
¡Y bosteza sin parar!
 
Ya en su boca se han colado
un mosquito atolondrado,
tres moscas y un abejorro,
que estaban jugando al corro.
 
Lleva más de siglo y medio
aburrida sin remedio.
Hasta que un martes de junio,
con la luna en plenilunio...
 
Al aterrizar se lía:
se da con la estantería
y un libro se cae al suelo.
¡No la aplasta por un pelo!
 
Cuchufleta, sin querer,
baja y se pone a leer.
Pasa las hojas de prisa,
le entra un ataque de risa…
 
¡Menudo descubrimiento!
Lee un cuento y otro cuento
hasta las seis o las siete.
¡Lo pasa de rechupete!
 
Ahora, ¿sabéis qué ocurre?
Cuchufleta no se aburre.
Ya incluso lee, feliz,
la araña de su nariz.
 
                        Carmen Gil

Cuchufleta