ELGRECO

EL GRECO

En mil quinientos y pico
nacio en Creta el gran pintor.
Vistió aquel bebé tan rico
su alrededor de color.

En la isla estudió pintura.
Desde que era muy pequeño
pintaba con tal soltura
que hizo realidad su sueño.

Se hizo el muchacho enseguida
artista profesional:
iba a dedicar su vida
a ser un pintor genial.

Fue a Venecia, y dejó Creta,
a aprender de los mejores.
Allí llenó su paleta
de luminosos colores.

Sintió un respeto profundo
por los artistas romanos.
¡Era el más feliz del mundo
con un pincel en las manos!

Después de años de trajín
─mucho pintar y estudiar─,
llegó a Toledo, por fin,
y lo convirtió en su hogar.

Ya era aquel chico viajero
un señor hecho y derecho
cuando pintó un caballero,
el de la mano en el pecho.

En la manchega llanura
creó una obra excelente.
Con su original pintura
emocionaba a la gente.

PALETA
MANOPECHO

Su obra atrae las miradas.
Sus figuran ondulantes,
fantasmales y alargadas
nos resultan fascinantes.

Murió con una ilusión:
generaciones futuras
vibrarían de emoción
contemplando sus pinturas.

Se ha cumplido su deseo:
personas de cualquier parte
acuden a su museo
a disfrutar de su arte.

                Carmen Gil